El triple screening

Mi primer embarazo fue maravilloso, me sentí plena en todo memento, disfrute muchísimo y no tuve ni una sola complicación. Ni siquiera las típicas incomodidades como las nauseas del primer trimestre o el dolor de espalda del último. Con el segundo la situación cambió y si bien no fue un mal embarazo ahora que ha pasado puedo hablar de lo sucedido al principio.

 

 

El triple screening

Más allá del sueño y las nauseas, que en definitiva son lo esperable, con el fin del primer trimestre llega el triple screening. El triple screening es un análisis estadístico que mide muchos factores desde parámetros en sangre hasta raza, hábitos, edad, antecedentes familiares. Lo “mezcla” todo y finalmente brinda unos valores de referencia que se consideran tus resultados. Si el triple screening te da bien, dentro de lo normal y esperable, es un resultado más, algo a lo que damos poca importancia, pasa completamente desapercibido. No deja de ser un análisis de estadística, pero tu médico se queda tranquilo y por supuesto tú también. Así me pasó la primera vez.

Cuando el resultado no da tan bien, el escenario es muy difícil.

Con el segundo embarazo, el resultado indicó que tenía la hormona HCG muy elevada y esto puede ser indicio de alguna complicación congénita, de alguna alteración cromosomática del bebé. Cuando te enteras de esta noticia, en un momento de vulnerabilidad tan grande como el embarazo, es muy difícil de asimilar. Si bien todos te insisten que no hay nada confirmado, que sólo son valores de referencia, cómo hacer para no pensar en el peor escenario.

En ese momento la incertidumbre para mí era total, desde pensar que algún órgano no se estaba desarrollando bien, pasando por cualquier deficiencia o enfermedad grave hasta pensar que quizás no lo superaba y finalmente no llegaría a término.

El primer paso era hacer una eco para medir pliegue nucal y cavidad nasal en la búsqueda de otros indicios. Fui relativamente tranquila, pensando que si la eco salía bien podíamos descartar todo. Y la eco efectivamente salió bien, no había indicio de alteraciones pero la sorpresa se dio cuando a pesar de estos buenos resultados mi médica me recomendó o una amniosentésis o un test prenatal no invasivo. Este último es un nuevo estudio que se hace a través de la sangre de la madre con el que se descarta o identifican las principales alteraciones cromosomáticas, completamente inocuo porque es sólo un análisis de sangre (eso sí, no cubierto por la mutua y para quien se lo puede permitir). La amniosentésis es el estudio que analiza más profundamente toda la cadena cromosomática del bebé pero que es invasivo y de mayor riesgo ya que puede producir el aborto, y si bien la estadística es baja, no es nula.

Nos enviaron a casa y nos dijeron que pensáramos y decidiéramos. Las opciones eran tres, o no hacer nada –esperando que la eco sea fiable en sus resultados-, hacer la amniosentésis –con los riesgos que eso conlleva y una espera de los resultados de 21 días- o hacer y pagar el test prenatal –resultados en tan sólo cinco días-.

El problema no era sólo decidir qué queríamos sino decidir si estábamos preparados para conocer los resultados, y para esperar por esos resultados.

Aquí empezó la verdadera odisea. Creímos que lo mejor era hacer el test no invasivo. Él estaba seguro de que no quería que me sometieran a una amnio y para mí lo peor era pensar en los 21 días que tendría que esperar por los resultados y todo el reposo y los cuidados posteriores que debía tener para que nada malo ocurriera (más aún teniendo una niña de 3 años en casa).

Más allá de la decisión que no fue fácil, el problema fue la incertidumbre, la espera, los pensamientos dando vueltas en la cabeza. Fue durísimo. Para mí lo fue tanto que no era capaz de comentarlo, no pude ni contarle a mi madre por lo que estaba pasando, ni a mis hermanas con las que tengo una relación muy estrecha pese a las distancias. Sólo y por una cuestión organizativa se lo conté a una amiga, mi amiga del alma, pero entré a llorar tanto que no pude seguir hablando. En ese momento me di cuenta de que era algo que no podía compartir y que hasta no tener los resultados y poder asimilarlos no quería hablar del tema. Sé que no es algo sano, pero era mi forma de esperar.

El 31 de diciembre llegaron los resultados y todo estaba correcto. Todas las pruebas habían dado negativas y en teoría nuestro bebé estaba creciendo completamente sano. Así dimos la bienvenida al 2017, felices y aliviados. Todo por lo que habíamos pasado este último mes había quedado atrás.

No teníamos de qué preocuparnos, los resultados eran fiables pero algo en mí había cambiado con este proceso. Sinceramente no estuve tranquila 100% hasta que lo vi nacer y comprobé que estaba perfecto. Tengo que confesar que este post no salió a la luz antes del nacimiento de mi bebé porque no me atreví a decir que todo había salido bien hasta que no comprobarlo realmente. Entiendo que el triple screening es un estudio que ayuda a detectar problemas pero no dejo de cuestionarme si realmente es bueno que las futuras mamás pasemos por eso.

Si el resultado es bueno, a nadie le preocupa pero cuando el resultado es malo y basado en meras estadísticas, las que sufrimos somos nosotras y en la mayoría de los casos según he sabido innecesariamente. A raíz de esta experiencia me informé y parece ser bastante común que esta hormona de resultados no esperables o que el riesgo sea elevado cuando en realidad no hay ningún problema ¿Por qué someternos a esto? Si la tecnología y la ciencia ha avanzado para poder ofrecer un estudio no invasivo y que otorga resultados mucho más fiables que los estadísticos ¿Por qué seguimos sometiendo a las madres a estudios que no ofrecen buenos resultados?

Espero que el futuro, estudios como el test prenatal no invasivo sean cubiertos por la seguridad social para todas las embarazadas y que no tengamos que realizar análisis no fiables en busca de resultados tan importantes.

 

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