La rutina del sueño en los bebés

La rutina del sueño en los bebés 

“¿Jamás volveremos a dormir?” Es lo que muchas mamás y papás primerizos se preguntan cuando, al cabo de unos días con el bebé en casa, el cansancio se empieza a sentir, la falta de sueño se vuelve habitual, y por momentos les sobreviene la desesperación de imaginarse por siempre viviendo esta realidad.

Es sabido que los bebés recién nacidos se despiertan varias veces durante la noche. Así nos lo advierten todos los que están a nuestro alrededor los últimos días del embarazo: “disfruten ahora de dormir todo lo que quieran, que luego NUNCA MÁS podrán dormir!”. Y si bien esto no es cierto –es otro de los tantos mitos y prejuicios acerca de la maternidad y la crianza-, es esperable que, sumado a las tantas experiencias propias del postparto y la llegada de un bebé, la falta de un sueño continuado y reparador de las primeras semanas genere una sensación de agobio y un pensamiento catastrófico: “¡esto siempre será así!”

Lo cierto es que el sueño de los bebés va cambiando con el correr de los meses, el bebé puede poco a poco aprender una rutina de sueño, y los padres pueden favorecer dicho aprendizaje. El proceso de adquisición de una buena rutina del sueño contempla generalmente dos acciones a lograr: que el bebé duerma la mayor cantidad de horas seguidas posible durante la noche, y que logre dormir en su cunita o catre. Para muchas familias, una o ambas cuestiones resultan muy difíciles de conseguir, por lo cual es preciso comprender las capacidades y posibilidades del bebé en las distintas etapas de su desarrollo, acompañarlas con nuestras acciones, darnos tiempo y paciencia para lograrlo.

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¿Cómo es el sueño de un recién nacido? ¿cómo va cambiando?

Como ya mencionamos en otro artículo (La vida del recién nacido: desarrollo y estimulación), el recién nacido no sabe distinguir el día de la noche, de modo que duerme de modo aleatorio alrededor de 16 horas por día. Incluso muchos bebés duermen más de día que de noche –quizá porque en principio les agrada más el ruido suave que el silencio absoluto, y tal vez se sientan más tranquilos escuchando el movimiento y la presencia de sus padres a su alrededor-. Además, en principio se despertará varias veces para ser alimentado (pecho o biberón), y esto puede prolongarse hasta los primeros seis meses de vida.

Además del alimento, en esta primera etapa el bebé necesita sostén y consuelo cada vez que así lo demande. Si llora durante la noche, no es momento de dejarlo llorar hasta dormirse solo. En los primeros meses seguramente lo hará por hambre, y conforme se acerque al sexto mes de vida (aproximadamente el tiempo en que los bebés pueden pasar toda la noche sin recibir alimento) puede que llore porque necesita la presencia y el contacto de sus padres. Durante este momento es preciso que la mamá o el papá acudan a su llamado todas las veces que sea necesario.

Conforme vayan pasando estos primeros meses, poco a poco el bebé podrá tolerar tiempos de espera cada vez más prolongados entre su demanda y la respuesta de sus padres. Generalmente se seguirá despertando (aunque en menos ocasiones) de noche, pero sin que esto signifique necesariamente recibir alimento o ser tomado en brazos de inmediato. Así, los padres podrán intentar nuevas respuestas (como por ejemplo ponerle el chupete, acariciarlo en lugar de levantarlo de la cuna, esperar unos pocos minutos antes de cogerlo) dando tiempo al bebé, y llegará el momento en que descubran que ha podido encontrar la calma y volver a dormirse.

Dado que el sueño del bebé va cambiando, puede que una vez que logre una determinada rutina ésta se vea alterada o modificada temporalmente: por ejemplo, muchos bebés se despiertan varias veces durante el llamado período de angustia de separación o “angustia del octavo mes”, y en este momento también es preciso consolarlos del mismo modo como cuando eran más pequeños; alteraciones en la vida cotidiana familiar como mudanzas, momentos de estrés, la llegada de un hermanito o el ingreso en la escolaridad (guardería, jardín de infancia); la aparición de pesadillas o terrores nocturnos (alrededor de los dos años de edad).

Además, en ocasiones existen ciertas condiciones médicas del bebé que dificultan o impiden la adquisición o mantenimiento de un sueño continuado: desde los tan comunes cólicos de los primeros meses de vida, hasta por ejemplo cuadros de reflujo que pueden prolongar el malestar del bebé durante las noches. En estos casos será preciso dialogar con el pediatra y evaluar las medidas a tomar en cada caso en particular.

 

¿Qué podemos hacer para estimular una buena rutina del sueño?

Ajustar el grueso de las horas de sueño de un bebé al turno nocturno, quizás sea una de las tareas más trabajosas para los cansados papás. Además del paso del tiempo -fundamental para el desarrollo y adquisición del logro del sueño continuado-, este ajuste puede ser estimulado por los padres tomando fundamentalmente dos actitudes:

  • Primero, adaptar todo el ritmo de la casa para ayudarlo a distinguir lo más marcadamente posible el día (momento de jugar, de hablar, de cantar, de recibir visitas) de la noche (tiempo de silencio, oscuridad y descanso). Esto no significa que al tener un bebé nunca más se podrá poner música, mirar TV o tener una cena con amigos de noche: se trata de acompañarlo con nuestra propia rutina a lograr esta diferenciación en la medida en que nos sea posible, en los primeros tiempos de su vida.
  • Y segundo, y lo más importante, mucha paciencia para –evitando los sobresaltos y las discusiones por las noches- acudir a su llamado cada vez (para alimentarlo, cambiarlo o acunarlo), pero seguidamente volverlo a dormir y dejarlo en su cuna o catre, todas las veces que sea necesario.

Como decíamos, en principio será para alimentarlo, y más tarde podrá intentarse (siempre con el visto bueno del pediatra) saltear alguna toma buscando que adquiera poco a poco más horas de sueño continuado. Por ejemplo, intentar primero acariciarlo sin levantarlo, colocarle el chupete, si continúa llorando tomarlo en brazos hasta que se calme, y luego dejarlo nuevamente en su cuna. Es probable que vuelva a llorar al acostarlo en la cuna, y mamá o papá deberán repetir esta acción cada vez, hasta que finalmente logre dormirse en su lugar.

Es frecuente que los padres intenten hacer esto en algún momento, y al cabo de dos o tres noches de mal sueño desistan, asegurando que no hay forma de que su bebé continúe durmiendo si no es en sus brazos, o en la misma cama, o prendido del pecho o el biberón. Y es cierto, la mayoría se despiertan al ser pasados a su cuna, pero igualmente cierto es que si continuamos intentando unos días más, llegará el momento en que comiencen a sentir esa cuna como su propio lugar de descanso, y logren conseguir la calma durmiendo en ese lugar. Ésta es la base de la construcción de una rutina: la repetición, de igual modo y en cada ocasión, de una actividad que luego el bebé incorporará a la manera de un hábito.

 

El consejo: cuando pienses que no volverás a dormir, ten la certeza de que tu bebé necesita tiempo para aprender, y que tarde o temprano, este momento pasará. Si notas que ha pasado mucho tiempo y su sueño no ha cambiado, consulta con tu pediatra de cabecera o profesional por algunas pautas para ayudarlo o para descartar alguna complicación médica.

 

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