Lactancia materna, defendiendo el derecho a decidir

Me declaro personal y fervientemente a favor de la lactancia materna pero por sobre todas las cosas me declaro a favor del derecho a decidir y a no ser cuestionada.


Hace poco tuve una conversación con una mamá que espera su segundo hijo acerca de su experiencia con la lactancia y cómo se estaba sintiendo en relación a esto. Ella interrumpió la lactancia materna de su primer hijo al poco de comenzar porque no lo soportó. Ahora se pregunta si le pasará igual, si debe darse más tiempo para intentarlo, si podrá o tendrá suficientes fuerzas y energías más aún sabiendo que es el segundo y que el hermano mayor tendrá sólo 2 años recién cumplidos al momento del nacimiento del segundo. Mi respuesta fue inmediata, y rotunda “si tu quieres intentarlo hay muchas vías de ayuda, puedes encontrar contención, y quién te enseñe y te ayude a hacerlo, pero sólo hazlo si es TU DECISIÓN y si estás completamente convencida de que vale la pena tu sacrificio. La leche materna es sabido que es lo mejor para el bebé pero mejor aún para el bebé es una madre en plenas facultades, feliz, y convencida de lo que hace. Tu bienestar es indispensable para él y sólo si escoges por tu propia decisión lograrás estar bien”

Iniciar la lactancia materna no es fácil

Quien diga lo contrario, se lleva mis felicitaciones, tampoco diremos que en el 100% de los casos duele, o que todas lo hemos vivido como un sacrificio. Pero prefiero siempre hablarles a las futuras mamás diciendo que será difícil (y que luego sea sencillo para algunas) a que ocurra al revés. A mí me ocurrió al revés y me ha costado mucho superarlo.

Para la mayoría de las mamás al principio duele, duelen los pechos cuando sube la leche, duele por la succión del bebé, duelen las grietas que se forman y duele sentir que no estás haciéndolo bien. No estoy nada de acuerdo con esa frase tan escuchada que dice “si te duele, se ha cogido mal al pecho”. A mí no me ocurrió así, se cogía perfectamente y me dolía hasta las lágrimas.

Y por último si tienes suerte de que no sea tan doloroso, finalmente te puedes encontrar con la sensación de que eres sólo una proveedora de leche. La lactancia materna es demandante, requiere mucho tiempo, paciencia y esfuerzo físico y eso también “duele”

 

Mi experiencia con la lactancia:

Yo estaba completamente decidida, de hecho fue algo que ni me cuestioné, era casi un sueño para mí desde siempre vivir esa experiencia. Durante el embarazo sufrí un poco con la piel, picores y rojeces, pero utilizaba mucha crema y ropa interior de algodón. Al poco tuve que cambiar los sujetadores porque me crecieron muchísimo los pechos (y eso que no soy de talla pequeña). Los pezones no me molestaron nada durante el embarazo, de hecho ni pensaba en ello.

Como os contaba no estaba prevenida del asunto grietas o dolor. Mi niñita nació por parto vaginal, una maravilla de parto, ya os contaré, y enseguida la pusimos al pecho y como si supiera qué y cómo tenía que hacerlo. Allí estaba ella succionando y ambas super contentas. El día que nos íbamos de la clínica me subió la leche, aquello fue tremendo, tuvimos que quedarnos en la habitación un buen rato más para que tome porque yo tenía los pechos duros como rocas y ella estaba encantadísima con su tarea. No quería desprenderse ni desperdiciar ni una gota, tomaba y tomaba sin descanso. Tras un buen rato y un poco más aliviada emprendimos la vuelta a casa.

Los dos o tres primeros días en casa todo fue maravilloso, idílico diría. Nos pasábamos el día bajo el ventanal del salón, tumbadas en el sofá, ella debía tomar algo de sol porque estaba un poco amarilla así que yo y mi almodón de lactancia éramos la conjunción perfecta para que ella pudiera recibir sol, amor y leche, no necesitaba nada más.

Tras esos primeros días empecé a notar que ya no era tan maravilloso. Comencé a sentir mucho dolor cada vez que succionaba, en un principio me encontré grietas pero al poco ya descubrí que tenía los pezones completamente pelados y que la niña tragaba sangre porque la piel estaba tan cortada que con la succión sangraban. Me colocaba Purelán antes y después de cada toma y entre toma y toma también. Sabía que debía dejar los pechos al aire pero era invierno y no lograba hacerlo prácticamente nunca.

Llegó un momento que cuando había pasado una hora y media o dos y sabía que me pediría pecho pronto ya sentía el dolor de lo que lo venía y me angustiaba muchísimo tener la sensación de que no quería que llegara el momento de darle otra vez, era una sensación de culpabilidad tremenda por sentir que no quería hacerlo. Cuando le daba sufría por el dolor y cuando no le daba sufría por la culpa de no querer que me vuelva a pedir, fueron unos días durísimos… pero pasaron…

Un día sentí menos dolor, al siguiente menos, y al siguiente menos. Mirando en retrospectiva no fueron más que 20 días pero en ese momento para mí fue una eternidad. Mi desconocimiento acerca de esta posibilidad no ayudó, no estaba preparada para esto. Por suerte soy muy tozuda, y si era lo que yo quería, debía aguantar. Ni siquiera quería pezoneras, sentía que era prolongar la agonía para más adelante. Sabía que mis pechos se tenían que “curtir” que mi piel era muy sensible y que pasaría y por suerte pasó. Tras esa experiencia del principio todo fue perfecto. Le di hasta que ella misma un día decidió que no quería más y tal como su madre tozuda había decidido lactancia materna sí a pesar del dolor, ella decidió en un momento que ya no quería más y cortó pero por suerte eso pasó muchos meses después cuando ya comía sus comidas y estaba preparada para ser más independiente.

Sólo quiero deciros que no es fácil, y que no debemos sentirnos obligadas. Sólo si es una cuestión personal debemos luchar por eso, pero sólo cuando estemos realmente convencidas.

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