Los síntomas del embarazo antes del test

Como todo en la vida, con los embarazos y los síntomas las mujeres somos muy diferentes, algunas muy sensibles a las señales y otras mucho menos. Definitivamente yo estoy en el primer grupo.

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Los síntomas del embarazo antes del test.

En muchos casos el embarazo nos toma por sorpresa, o porque no lo buscamos conscientemente, o porque no estaba en nuestros planes en ese momento o porque si bien el deseo de quedar embarazada está, hemos decidido tomarlo con calma y no pensar en ello.

En muchos otros casos el embarazo es algo deseado fervientemente, planificado, programado y si bien todas sabemos que no sólo hace falta el querer y que puede costar mucho, nos es muy difícil sacarnos de la cabeza la idea de si lo habremos logrado este mes, si algo dentro nuestro estará pasando, etc.

Cuando controlamos la fecha de la ovulación y buscamos el embarazo en consecuencia (aún sabiendo que no es lo más recomendable para las que puede costarle un poco lograr ese embarazo ya que la presión que nos generamos es contraproducente) hay un período de tiempo pasada la fecha de la ovulación en la que inconsciente o conscientemente “buscamos señales”, señales que en la mayoría de los casos no existen, no son concretas o reales y definitivamente no ayudan a que esos días pasen pronto. Pero ahí estamos nosotras, insistiendo, mirándonos los pechos en el espejo, intentando detectar alguna anomalía, pensando si ese bostezo fue porque dormimos mal o porque es la señal que buscamos.

Sabemos que el test no lo podemos hacer hasta pasada la fecha esperable de la regla (unos 15 días después de la ovulación por lo menos). Buscamos en internet una y otra vez los primeros síntomas del embarazo pero en todos los sitios leemos que siempre el primer síntoma será la falta de la regla, lo que nos indica que debemos esperar unos días y esos días se nos hacen eternos. Esto nos puede ocurrir el primer mes que lo intentamos o también los subsiguientes, deseando que esta vez sí haya funcionado.

Cada una es como es y hace lo que puede pero definitivamente este comportamiento no es el ideal, debo mencionarlo. Todos los expertos nos dirán que lo mejor es relajarse y no pensar en ello pero hay ocasiones en las que la teoría no es tan fácil de cumplir y ahí me encontré yo, y no sólo con el primer embarazo sino con el segundo también. Mi afán de planificarlo todo no podía escapar a esta situación y en ambos casos fueron 15 interminables días de incertidumbre y búsqueda de señales

Mi primer embarazo, los días antes del test:

Cuando decidimos con mi marido ponernos a buscar, yo estaba segura, y así se lo había transmitido a él, que me costaría. Había tenido algunos problemas uterinos desde la adolescencia y ya una gine, hacía unos cuantos años, me había comentado que me costaría quedar el día que quisiera, era algo que me preocupaba un poco. Incluso eso hizo que nos pusiéramos a buscar un poco antes del “momento ideal” a nivel laboral que sabíamos que llegaría unos meses más tarde.

Controlamos fechas, hicimos los deberes, y así pasó la semana de los días fértiles. A partir de ese momento ya comencé a tomar precauciones, dejé de beber alcohol, cuidaba lo que comía…Yo penaba que si había funcionado debía cuidarme para que todo fuera bien. Leí mucho sobre los primeros síntomas y comencé a buscar señales en mi cuerpo. A la semana ya me sentía extraña, me dolían los pechos y estaba muy cansada pero como todo lo que leía al respecto indicaba que los síntomas debían aparecer más tarde pensé que me estaba obsesionando, que me estaba “inventado” esas sensaciones y me llegué a sentir mal por pensar que la cabeza me estaba jugando una mala pasada. Tanto fue así que cuando al fin pasaron los días y debía llegar la regla decidí hacerme el test, no ya para ver si estaba embaraza sino para descartar la idea de mi cabeza, olvidarme del asunto y convencerme de que me estaba obsesionando un poco, en fín que lo que buscaba era descartar el embarazo, no confirmarlo. Lo hice un domingo por la mañana, a mi marido le pareció que era demasiado pronto pero como me conoce, me dejó continuar. Fui al baño, lo preparé y volví a la cama, a los cinco minutos lo envié a él a comprobar y desde el baño me grito que había dos rayitas y corrió a abrazarme. No podíamos creerlo, a la primera, las señales se habían hecho reales, ya éramos una familia de tres.

Mi segundo embarazo, “está vez no me voy a obsesionar”

Mi segundo embarazo fue un poco postergado. Teníamos ganas de buscar el segundo cuando la mayor ya tenía dos años pero algunas circunstancias familiares lo demoraron un poco. Primero decidimos hacer un viaje en el que debía volar sola con la peque durante 14 horas, y no quise hacerlo estando embarazada. Luego decidimos mudarnos y pasaba de mudarme con barriga por lo que hasta que logramos cumplir el cometido ya nos habíamos movidos unos 10 meses de aquella fecha planeada. Pero ahora sí, con un nuevo hogar y habiendo visitado a la familia, estábamos dispuestos a arrancar la aventura. Volvimos a hablar del tema con mi marido, y le dije “que una vez nos haya salido a la primera no significa que ahora será igual”, “los 28 no son los 32” “tendremos que tener algo más de paciencia” y por otro lado me dije a mi misma “esta vez no me voy a obsesionar”.

Es cierto que controlamos las fechas, pero también es cierto que esa semana fuimos con más calma. A partir de ahí intenté no pensar en el tema, no quería volver a pasar lo de la primera vez y me propuse no buscar señales. Sin embargo las señales llegaron solas. A los pocos días los pechos se me pusieron firmes, de hecho hasta comencé a notar secreción (algo que puede ser normal a partir del segundo embarazo con el cambio hormonal), algunos dolores parecidos a los de la regla y mucho sueño. Esta vez lo tenía claro, estaba embaraza nuevamente. Intentaba no pensar en ello pero conocía mi cuerpo y lo que me estaba diciendo.

Al contrario que la otra vez, cuando llegó el momento en el que debía bajarme la regla no me hice test, decidí esperar, de alguna manera estaba tan segura que no me hacía falta. Mi marido me preguntaba si había novedades y yo siempre contestaba que no. Pasados 10 días de falta lo comprobamos, me hice el test y nuevamente salieron dos rayitas. Estábamos felices, aunque esta vez menos sorprendida que la primera porque en definitiva yo ya lo sabía, dentro de mí estaba creciendo el hermanito de la peque.

 

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