Los tiempos del hombre y la mujer durante el embarazo

Los tiempos del hombre y la mujer durante el embarazo

Ya en otro artículo nos hemos referido a cómo vive el futuro padre el embarazo, el rol que ocupa a lo largo de este proceso, sus sentimientos, preocupaciones y temores más frecuentes (puedes leer el post “Los hombres y el embarazo). Teniendo en cuenta estas cuestiones, sabemos que las mujeres y los hombres viven el embarazo y la llegada de un hijo de maneras muy diferentes. Estas diferencias en el modo de vivir la experiencia de pasar de ser una pareja a conformar una familia, puede en ocasiones generar desencuentros, desacuerdos, o sencillamente la sensación de que tu pareja no comprende lo que estás sintiendo.

¿Cuál es la sensación habitual de la mujer?

Particularmente, la mujer embarazada suele atravesar momentos o situaciones en las que siente que su pareja no se interesa tanto como ella en todo lo concerniente al embarazo; que la vida de él no ha cambiado tanto como la suya; que no toma conciencia o registro de lo que está por suceder… A veces, esta sensación de incomprensión o falta de acompañamiento se traduce en comentarios muy comunes, como ser “a él no le interesa ir preparando las cosas del bebé”, “siempre dice que falta mucho todavía”, “dice que estoy muy ansiosa, que quiero tener todo listo demasiado pronto”, “siento que no me pone atención cuando le cuento cosas del bebé”, entre otras conocidas frases.

Aunque la mujer tenga esta sensación, que a veces genera cierta distancia en el transcurrir del embarazo, no necesariamente se trata de una falta de interés por parte del hombre, de que no quiera hacerse cargo de la preparación para la llegada de su hijo o que no fantasee con ese momento. Pero sí es cierto que esta preparación y este deseo pueden darse de otras maneras y en otros tiempos, a veces muy distintos a los de la mujer embarazada.

¿A qué se deben estas diferencias a la hora de percibir el embarazo?

Las diferencias en los modos y los tiempos en los que hombres y mujeres viven este proceso -además de tratarse del hecho físico de ser la mujer quien lleva al bebé en su vientre-, se deben a cuestiones de género, de roles; de aquello que nos imaginamos compartiendo con un hijo; del modo en que fuimos criados y los modelos transmitidos desde nuestras familias de origen, entre otras. Por ejemplo:

  • La vida diaria del hombre durante los primeros meses del embarazo no suele modificarse demasiado, mientras que para la mujer es un tiempo de sensaciones encontradas, incertidumbres, temores, hasta malestares físicos (cansancio, náuseas, etc.).
  • Por otra parte, la mujer que vive su embarazo con cierta cuota esperable de ansiedad, puede encontrar la calma en el hecho mismo de tener cuanto antes todos los elementos necesarios listos y en orden (la habitación del bebé, la cunita, el bolso para la clínica); aun cuando al hombre le parezca, lógicamente, muy pronto para todo esto.
  • También, mientras que la mujer imagina con gran anhelo cuidar a su bebé recién nacido (darle el pecho, cambiarlo, acunarlo), muchas veces el futuro papá tiene la imagen de compartir ciertas cosas con su hijo o hija de más grande (como llevarlo a jugar al parque o tomarlo de la mano para caminar).
  • En ocasiones, los hombres incluso llegan a asimilar la realidad de que son papás cuando de hecho ven por primera vez a su bebé, lo tocan, lo huelen, lo sostienen en brazos… y tal vez hasta ese momento no habían conectado del mismo modo que la madre con ese hijo por nacer.

 

El hecho de que existan estas diferencias en los tiempos en hombres y mujeres de ninguna manera significa que haya un modo mejor y uno peor de vivir este momento. Más que buscar “que el otro sienta lo mismo que yo estoy sintiendo”, se trata de conocer y aceptar que ambas maneras son válidas en sus diferencias. Esto es lo que también hará en el futuro que el vínculo de ese hijo con cada uno de sus padres sea distinto. Más allá del vínculo familiar, el camino que construirá cada padre con cada hijo será propio de esa relación de a dos. Esa diferencia en el lazo que lo une a cada uno de sus padres será sumamente enriquecedora para el niño, ya que así irá aprendiendo que lo que comparta en la relación uno a uno con cada persona tendrá sus riquezas y particularidades, que harán a ese vínculo único y distinto a cualquier otro.

El consejo: aceptar que existen modos distintos de vivir el embarazo y el nacimiento de un hijo. Puede ayudar a la mujer embarazada entender que muchas veces no se trata de desinterés o distancia afectiva por parte del hombre, y transformar posibles reclamos o quejas hacia ellos en pedidos concretos de contención, mimos, y ayuda en todo lo que ella necesite. Y por supuesto, una vez que el bebé nace, llegará el tiempo de compartir responsabilidades y de involucrarse -cada uno a su modo- con el enorme cambio de vida y el compromiso que significa la paternidad y la crianza.

 

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