Mi segundo parto

Como siempre decimos cada mujer es un mundo y cada embarazo es diferente por lo que poco podemos generalizar sobre la experiencia de parir por segunda vez pero en este blog hablo desde lo personal y me gustaría compartir mi experiencia.

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Mi segundo parto

Como ya conté en anteriores posts, mi primer parto había sido muy rápido por lo que esperando el segundo, la ginecóloga y matrona me habían aconsejado salir hacia la clínica ante la primera señal de parto. Es decir, no esperar una hora o más de contracciones periódicas en casa como se suele aconsejar. Si bien, el segundo parto suele ser más rápido que el primero el consejo que me dieron a mi no es el habitual. Esperar en casa el tiempo suficiente para estar seguros de que el parto ha comenzado es lo mejor para todos, solo que mi caso era excepcional.

Mi fecha prevista de parto era el viernes 16 de junio. Estaba haciendo monitores y controles periódicos desde la semana 36 pero no había señales de contracciones. El lunes 12 de junio, tuve mi última revisión donde la gine me indicó que ya estaba dilatada de dos centímetros y medio y que podría llegar en cualquier momento.

Ese mismo día y los dos siguientes fueron de incertidumbre y nerviosismo, los viví de manera muy diferente que los días anteriores de mi primer parto que habían sido muy normales. Estoy segura que el hecho de ir a la última consulta y saber que no pasaría de los próximos días me puso más ansiosa y nerviosa. Y si bien hasta ese momento no había tenido esa sensación de “quiero que nazca ya mismo” esos días sí fueron algo más durillos en ese sentido.

El miércoles por la noche, casi no pude dormir. Tuve contracciones aunque no periódicas ni muy dolorosas, pero constantemente ponía a prueba mi cuerpo para saber si debía despertar a mi marido para ir al hospital. La sensación de que sería inminente me mantuvo en vilo. Finalmente se hizo la mañana del jueves 15 y yo seguía igual. El parto llegaría pronto pero aún no estaba comenzado. Hablamos con la ginecóloga quién me recomendó ir a la clínica y evaluar cómo estaba. Al llegar me hicieron monitores y aún no tenía contracciones muy seguidas pero yo ya estaba lista.

Al cabo de un rato, eran las 11 am, me llevaron a la sala de dilatación y comenzaron las contracciones más seguidas aunque aún podía aguantarlas sin anestesia. Allí estábamos, mi marido y yo, esperando al pequeño y pensando en la mayor que esperaba por nosotros y su hermanito. Nos sentíamos algo nerviosos pero tranquilos a la vez. El lugar nos era familiar, el procedimiento también. Conocíamos cuáles eran los pasos y conversábamos normalmente mientras controlábamos el monitor. A las 12 me rompieron la bolsa y en ese momento comenzaron las contracciones muy fuertes.

Pedí la epidural walking, quería intentar el parto con una anestesia menor pero mi experiencia fue muy breve, al cabo de media hora tuve que pedir que me pusieran la dosis normal de epidural porque los dolores eran tan fuertes que no me sentía capaz de continuar así. -Esta anestesia, se recomienda para las primeras horas de partos largos. Si el proceso viene lento, estás dilatada ya de 4 cm puedes pedir este tipo de anestesia. La diferencia es que con ella puedes estar en pie, caminar o hacer ejercicios con pelota, cuando vas aumentando la dilatación puedes pedir que te aumenten la dosis y ya es una epidural normal-.

A la 1 pm fue cuando la anestesia hizo efecto realmente y ya había llegado a 6 cm de dilatación. Al estar más relajada y con ayuda de la matrona antes de las 2 ya había dilatado completamente y me llevaron a sala de partos. Nuevamente el proceso había sido rapidísimo, menos de 3 horas y ya estaba lista para pujar.

Este segundo parto fue mejor aún que el primero, ni cortes ni desgarros. En 20 minutos y con 4 pujos mi pequeño ya estaba conmigo. Mi marido me acompañó durante todo el proceso y eso me daba muchas fuerzas para hacer todo lo que debía hacer. Emocionadísimo me miraba y aguantaba mi cara. Es increíble cómo necesitamos de su cariño y aliento en ese momento.

Saber cómo es parir porque ya has pasado por eso una vez no lo hace menos especial, no hace que tus sensaciones sean menos intensas, ni que vivas el proceso menos emocionada o nerviosa. Es cierto que tienes menos miedos porque conoces el proceso pero también es cierto que otros miedos pueden aparecer y que en algún sentido también estás preocupada por tu primer hijo que espera en casa. Un consejo: vive cada instante porque es único e irrepetible.

 

La experiencia del verdadero piel con piel.

Los tiempos están cambiando y eso se nota. Hace cuatro años con mi hija hicimos piel con piel al nacer pero fueron unos minutos mientras me terminaban de limpiar y coser tras el parto. Al finalizar se la llevaron a ella a vestir y a mí me subieron a la habitación. A los pocos minutos me la trajeron limpia y vestida, iniciamos la lactancia en la habitación y ya no nos separaron más. Fue una hermosa experiencia, pero esta vez fue diferente.

Al nacer mi pequeño, lo pusieron sobre mi pecho al instante mientras terminaba el proceso del parto. Sólo lo quitaron luego unos pocos minutos para examinarlo y pesarlo y me lo devolvieron desnudo, aún sin limpiar completamente. Envuelto en mi bata, quedó sobre mi pecho por más de tres horas. Iniciamos la lactancia en la sala de partos aún, volvimos juntos a la habitación mientras él aprendía a succionar, y allí quedamos los dos junto a mi marido esas primeras horas. Llorábamos de emoción. La experiencia fue completamente diferente. El haber estado tan pegaditos durante tanto tiempo fue increíble.

Si algo puedo recomendar tras este segundo parto es que insistas en tener a tu bebé así durante las primeras horas. La tendencia es hacerlo de esta manera y no te costará pero si por algo no es la práctica habitual en tu clínica u hospital pídelo, no pueden negarte tu derecho a conectar con tu bebé.

 

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